Blog

Empezar sin tenerlo todo claro

Hay un momento incómodo cuando empiezas algo nuevo.

Ese en el que sabes que quieres hacer algo, pero todavía no sabes muy bien cómo.

No tienes el servicio perfecto.

No tienes el discurso cerrado.

No tienes la sensación de “ya está, ahora sí”.

Y aun así, empiezas.

Durante mucho tiempo pensé que primero tenía que tenerlo todo claro para mostrarme.

Que necesitaba más formación, más experiencia, más seguridad.

Un poco más de todo.

Con el tiempo he entendido que eso no llega antes de empezar,

llega empezando.

Ahora mismo estoy construyendo mi marca personal mientras voy entendiendo qué quiero hacer y cómo quiero hacerlo.

Sin prisas y sin tener todas las respuestas.

Y, curiosamente, eso me hace sentir más cómoda que cuando intentaba tenerlo todo claro antes de empezar.

Y lejos de parecerme un problema, ahora lo veo como una ventaja.

Porque no me interesa parecer algo que no soy.

Me interesa construir desde un lugar honesto, aunque no sea perfecto.

Veo muchas marcas (y personas) forzando mensajes, copiando fórmulas,

intentando encajar en lo que “se supone” que funciona.

Y casi siempre pasa lo mismo: no conectan.

No conectan porque no se sienten cómodas con lo que dicen.

Porque no hay verdad detrás, solo intención de gustar.

Yo prefiero hacerlo distinto.

Más despacio.

Con menos certezas, pero con más coherencia.

Mostrarme ahora, incluso sin tenerlo todo resuelto,

forma parte del proceso.

Y también dice mucho de cómo trabajo.

Si algo tengo claro es esto:

cuando comunicas desde lo que eres, se nota.

Y cuando no, también.

Este espacio nace un poco así.

Como un sitio donde pensar en voz alta,

compartir lo que voy aprendiendo

y construir con calma.

Sin promesas.

Solo desde un lugar real.

Escribo cuando tengo algo que decir.

Y ahora mismo, esto era una de esas cosas.